Capítulo 3: No comprendo mi corazón
Mi nombre es Dante Wilder, pero
todo el mundo en la academia me llama Dan, tengo 16 años y asistió a la
Academia de los Sauces. Mi vida en la academia es muy placentera, el asistir a
un internado fue lo mejor que me pudo pasar puesto que yo no me llevo del todo
bien con mi familia, en pocas palabras ellos tienen expectativas que por más
que me esfuerce no puedo cumplir.
Lo extraño es que cuando llegue
al lugar por primera vez mi personalidad distaba mucho de lo que soy ahora, solía
ser el chico tímido incapaz de entablar conversación con cualquier ser humano,
pero afortunadamente luego de conocer a Alek fui cambiando de a poco, más tarde
hicimos amistad con otros dos chicos llamados Jim y Noah, los cuatro nos
volvimos inseparables. Finalmente comencé a notar que mi apariencia era
bastante agradable para el sexo femenino y al ir tomando confianza fui siendo
cada vez más encantador, al punto que llegaron a apodarme “el príncipe
encantador”, era constantemente perseguido por las chicas de la academia,
incluso debo decir por algunos chicos, pero algo que debo decir es que por más
que haya tenido muchas novias jamás eh engañado a ninguna, eso no va conmigo,
además debo decir que se lo que se siente… pero no hablare de ello.
Recientemente eh estado un tanto
disperso en las clases por lo que mis notas han bajado considerablemente, y si
llego a repetir de año la reprimenda de mis padres sería mortal, por así
decirlo. Pero afortunadamente eh conseguido un tutor bastante estricto el cual
me ha estado dando clases particulares y es sorprendente, comprendo mejor las
cosas con el que con los demás profesores, es un compañero de clases y su
nombre es Sebastián Brown. Debo decir que con lo despistado que soy jamás lo
había notado antes, y en cuanto comenzó a ser mi tutor me entere de varias
cosas, entre ellas que es el mejor estudiante del salón por no decir de toda la
academia, además de que es el vicepresidente del consejo estudiantil, y por último
y no menos importante es bastante temido por todos por su rigidez en cuando a
la disciplina y las reglas, aunque no sé porque le temen, para mi es sumamente
tierno por ser tan bajito y usar esos lentes redondos.
Ese día supuestamente tenia
tutoría después de clases con Sebas, el único problema es que había olvidado la
hora y el es muy estricto con el horario, si no estoy justo a la hora que
acordamos él se marcha aunque lleve apenas 5 minutos de retraso, así que es
mejor no arriesgarme. Era la hora del almuerzo y me encontraba con mis amigos en
nuestra mesa de siempre riendo por alguna tontería que dijo Jim cuando recordé
que debía hacerle esa pregunta a Sebas, así que me levante de mi asiento
mirando a mi alrededor dentro de la cafetería, cuando finalmente lo logre
divisar. Se encontraba en la mesa más apartada de la cafetería completamente
solo, no me extraño ya que por lo general siempre está así, lo cual me pone
algo triste. Note que a su alrededor tenia libros de textos de clases y comía
su almuerzo mientras ojeaba concentrado dichos libros.
Sin más me levante de mi asiento
y camine hasta donde el estaba, notando la mirada de muchos compañeros que se
nos quedaban viendo mientras caminaba rumbo a esa esquina apartada. Incluso un
chico me tomo del brazo deteniéndome para luego susurrarme.
-Dan no te
conviene hablarle al vicepresidente, a él le gusta almorzar solo y odia ser
molestado.
-¿Ah sí?- dije
incrédulo mirando al chico y luego nuevamente a Sebas, se veía tan solitario
allí que no podía aceptar que de verdad le gustara estar así solo –de todas
maneras hablare con él.
Dije haciendo que el chico
soltara mi mano mientras le sonreía y seguía mi camino hasta llegar a esa mesa
y sentarme en una silla frente a él. Al el notar mi presencia alzó la mirada
topándose con la mía, a lo que yo simplemente le sonreí notando que varias miradas
estaban sobre nosotros, al dar una rápida mirada alrededor era como si me
dijeran que mi vida estaba en peligro.
-Lamento
molestarte, ¿Qué lees?- dije despreocupadamente mirándole con una sonrisa
encantadora.
-¿Necesitas
algo?- dijo Sebas volviendo su mirada a su libro.
-Sí, necesito
saber que estás leyendo, ¿es algún libro de clases?- dije riendo levemente
cruzándome de brazos sobre la mesa.
-No- dijo
simplemente sin voltearme a ver.
-¿Cuál es
entonces?- dije sin perder mi sonrisa.
-No me dejaras en
paz hasta que te lo diga verdad- dijo este bajando el libro para verme con una
cara de pocos amigos.
-Estas en lo
cierto- dije sin perder mi sonrisa.
-Es la divina
comedia, no creo que la conozcas- dijo este mirándome levantando una ceja.
-Como no
conocerlo, es un clásico antiguo, además de que su tengo el nombre de su
protagonista pues mi madre era fan de ese libro- dije levantando una ceja
sintiendo placer en demostrar que no era tan inculto como él creía que era.
-¿Y la has
leído?- dijo este y pude notar un deje de curiosidad en su mirada.
-Debo admitir que
completo no, es bastante extraño de leer, pero la idea de esos infiernos y en como los
pecadores son castigados es intrigante… es como leer una novela bien creepy-
dije riendo levemente.
-Entonces… ¿tu
lees libros?- dijo de manera que lo note extrañado.
-Por supuesto,
tengo gran fascinación por todo tipo de novelas, me encantan las policiales o
sobrenaturales- dije meditando un momento en el tipo de libro que leía.
-Vaya entonces si
leyeras tantos libros de estudio como novelas serías un erudito- dijo este
sarcásticamente.
-Supongo que si,
si lo hiciera sería todo un nerd- dije sonriendo airadamente.
-Vaya vaya- dijo
el notando como se formaba una pequeña sonrisa en sus labios la cual rápidamente
quito como si pensara que no podía sonreír frente a otros, eso en verdad me
resulto extraño- ¿estás aquí solo para conocer mis gustos literarios?- pregunto
levantando su vista hacia mi nuevamente.
-En realidad olvide
la hora en la que habíamos acordado vernos para la tutoría- dije pasando una
mano por m nuca algo avergonzado.
-Ni bien acabe la
última clase- dijo simplemente para volver a su lectura.
-Vale- dije
quedándome ahí viéndole, en lo que el volvió a levantar su mirada hacia mí.
-¿Algo más?- dijo
simplemente bajando un poco el libro que tenía en sus manos.
-No estas
aburrido de estar aquí solo leyendo en lugar de estar conversando con tus
compañeros… o algo así…- dije viéndole ladeando la cabeza.
-No, me gusta
leer y es cómodo el silencio ya que nadie se acerca… bueno excepto cierto
idiota que tengo enfrente- dijo sin tener ni la más mínima expresión en su
mirada.
-Vaya- dije sin
poder evitar reírme para luego contenerme un poco- Quizás ese idiota simplemente
quiera invitarte a sentarte en su mesa para conversar amenamente- dije
sonriéndole amablemente.
-Prefiero leer
en paz en este momento- dijo ladeando
levemente la cabeza como si le molestara mi presencia.
-Bueno… pues si
cambias la oferta está en pie… no solo para hoy, cuando quieras tener una
charla relajada eres bienvenido mira… - dije señalando mi mesa en la que en
este momento estaban mis amigos- si quieres unírtenos estoy siempre allí vale-
dije levantándome –nos vemos en clases… y luego en la tutoría.
El no contesto pero sentí su
mirada sobre mí, pero para cuando voltee a verlo había vuelto a su libro,
esperaba que terminara aceptando mi ofrecimiento, tenía curiosidad por ese
chico, se me hacía misteriosos y también triste por siempre verlo solo con un
libro en la mano, digo, los libros no son malos pero de vez en cuando es bueno
charlar con otros seres humanos sin necesitar ser por estudios. Mientras volvía
a mi asiento notaba la mirada de sorpresa de muchos al notar que tuve una
charla con el inalcanzable Sebastián, pero en verdad no sabía porque le temían,
como dije anteriormente él se me hacía muy tierno.
El resto del día transcurrió con
normalidad hasta que llego finalmente la hora de las lecciones, como siempre mi
tutor era especialmente bueno explicando las lecciones, podía aprender en una
sola clase lo que debería haber aprendido en un año de clases con los demás
profesores, en verdad él era muy bueno en esto. Ya pasadas varias horas había
llegado a mi limite, esas clases eran sumamente intensivas por lo que ninguna
persona normal podría seguirle el ritmo por muchas horas así que finalmente le
rogué a Sebas parar.
Usualmente me replicaba diciendo
que era un idiota que no aguantaba nada, pero extrañamente en esta ocasión fue
amable y no replico dejando por concluida la clase del día, además recordándome
que la siguiente semana llegarían unos exámenes, luego de prometerle que
repasaría todo en mi habitación el suspiro dándome a entender que me creía, lo
cual era extraño, él nunca me creía que estudiaría fuera de las lecciones,
quizás son cosas mías y directamente estaba simplemente cansado, hasta una
bestia estricta puede cansarse a veces.
Al salir de la biblioteca donde
habíamos estado estudiando pasaron unos chicos por nosotros corriendo a lo que
como un rayo Sebastián les lanzo un borrador en la cabeza a uno, me sorprendió
la habilidad que tenía pues dio de lleno en el blanco, lo que ocasionó que esos
chicos se detuvieran girándose a él y pude notar el temor en sus rostros al ver
que se trataba de Sebas.
-Si vuelvo a
verlos corriendo por el pasillo estarán un mes en detención, ¿fui claro?- su
expresión era tan fría que en verdad daba miedo, lo cual note en esos chicos
los cuales se excusaron temerosos y siguieron su camino a paso normal, hasta
podría decir que parecían unas tortugas.
Yo simplemente había visto la
escena sorprendido de la reacción de ellos, pero extrañamente y a diferencia de
todos al ver a Sebas nunca sentía temor alguno, es más sentía mucha calidez,
quizás solo era un chico incomprendido por todos como yo solía serlo hace
muchos años atrás.
Como nuestros dormitorios
quedaban en la misma dirección nos marchamos juntos, el en todo momento
permaneció callado y con esa expresión seria en su rostro, incluso parecía
ignorarme cuando le hacía preguntas pues no me contestaba, ¿acaso él era así
con todo el mundo? Era una pregunta que rondaba mi cabeza. O eso pensaba hasta
que nos cruzamos con cierto chico, la expresión de Sebas cambio de pronto,
ahora sonrió amablemente al ver a esa persona que se acercaba a nosotros, por
la curiosidad que me causo mire bien a esa persona, al principio no le
reconocí, debo admitir que soy malo recordando rostros, pero se me hacía
bastante conocido. Hasta que escuche a Sebas decir “presidente”.
-¿Un momento tu
eres el presidente del consejo?- dije con total naturalidad sonriendo como era
mi costumbre pero pronto sentí un golpe en mi cabeza.
-¿Eres idiota o
que, como no reconoces al presidente del consejo, en verdad estudias aquí o
solo vienes de paseo?- decía Sebas regañándome abiertamente mientras yo seguía
sonriendo tontamente a ambos rascando mi nuca.
-No seas tan duro
con el Sebastián- dijo el joven, al parecer tenía más o menos nuestra edad,
unos 17 años supongo por ser el presidente ya que solo alumnos de último años
pueden serlo. A diferencia de Sebastián el parecía ser muy amable y agradable.
-Es que si no se
corrige a los idiotas a tiempo crecerán siendo unos adultos idiotas sin
remedio- dijo Sebastián cruzándose de brazos y haciendo una mueca de molestia.
-Tranquilo, no
tienes que ser tan formal todo el tiempo- dijo el chico colocando una mano en
el hombro de Sebastián a lo que yo claramente pude notar un leve sonrojo en su
rostro, ¿mis ojos me engañaban o Sebas de pronto parecía nervioso de ese
contacto físico?
-Bue… bueno yo-
dijo bajando la cabeza y mirando hacia otro lado, era la primera vez que veía a
Sebas tan nervioso, esto era algo insólito que nunca pasaba.
-Como sea, debo
llevar estos expedientes a la sala del consejo- dijo el presidente mostrando
que en sus manos llevaba unos papeles.
-¿Necesitas
ayuda?- pregunto rápidamente Sebas extrañamente emocionado por brindar su ayuda
a ese chico.
-No es necesario,
solo son unos papeles que debo llevar, además debes estar cansado, acabas de salir
de una tutoría, ve a tu habitación y descansa, hasta mañana- el joven me miro a
mi también y me sonrió amablemente –hasta mañana señor Wilder-
-¿Sabes mi
apellido?- pregunte extrañado puesto que no recordaba haberme presentado con él
nunca.
-Claro, sé el
nombre de todos en esta academia, es parte de mis funciones como presidente-
dijo sonriendo para luego seguir su camino.
-Sorprendente-
dije mirándole con cara de sorpresa mientras le veía irse –oye Sebas en verdad
él sabe el nombre de todos…- al darme la vuelta note que Sebastián ya iba
bastante lejos caminando –oye espérame- dije caminando rápido para alcanzarlo,
sin llegar a correr claro ya que sabía que recibiría una reprimenda de su
parte.
Esa noche me quede muy pensativo
en cuanto a la reacción de Sebas ante ese chico que era el presidente, él se
había sonrojado, estaba seguro de que no lo había soñado, en verdad su
semblante cambio por completo cuando estuvo frente a ese chico, ¿acaso pasaba
algo entre Sebas y el presidente?, esos pensamientos no me dejaban descansar
así que debía averiguar que pasaba allí.
Al día siguiente tuve un
problema con mi despertador, por alguna razón se le cambio la hora
despertándome una hora antes, pero como siempre creí que me había quedado
dormido así que prácticamente volé de la cama colocándome el uniforme y
corriendo rumbo al salón esperando que nadie del consejo me vea o estaría en
problemas. Al llegar al salón note que no había absolutamente nadie. Me resulto
extraño así que consulte mi celular dándome cuenta de que aún faltaba cerca de
45 minutos para iniciar la clase, ¿pero cómo? Pensé cuando de pronto recibí un
mensaje de Jim *hola Dan, como dices que siempre te duermes para ir a clases
adelante tu despertador, me imagino que para este momento estarás en clases,
besos*, fruncí el ceño molesto pensando “voy a asesinarte Jim”, es verdad que
su truco resultó pero casi me da algo de imaginar que iba a llegar tarde,
además ni siquiera había desayunado.
Molesto planee dirigirme a
comprar algo de comer en la cafetería para luego ir a sentarme tranquilamente a
una banca en el patio trasero de la academia para comer tranquilamente.
Mientras estaba allí miraba a las personas que pasaban por los pasillos del
lugar, entonces vi algo que llamo mi atención, se trataba de Sebas y el
presidente que iban conversando de algo que no llegaba a escuchar. En ese
momento la curiosidad pudo más que yo y fui tras ellos escondiéndome detrás
para que no me vieran, parecía un idiota, pero aun así mi curiosidad era más
fuerte que yo. Lamentablemente no alcanzaba a escuchar nada de lo que decían,
pero si podía ver el semblante de Sebas, extrañamente se veía feliz hablando con ese tipo, la mirada
que le lanzaba no era simplemente de compañeros, o colegas del consejo, pero el
presidente actuaba como si nada ¿será que se daba cuenta de las expresiones de
Sebas o era un terrible despistado? Más adelante se separaron pues sus clases
eran en diferentes lugares y note como Sebas se le quedaba viendo mientras él
se alejaba. Finalmente y de forma juguetona me acerque a Sebas por detrás.
-Por qué no le
tomas una foto, dura más tiempo- dije sonriendo divertido a lo que de pronto
Sebas se giró tranquilamente hacia mí, ya su expresión no era como con la que
miraba al presidente.
-No sé de qué
estás hablando idiota- dijo para comenzar a caminar para ir a nuestro salón.
-Por favor, seré
idiota pero hasta yo se distinguir que no miras a ese chico de la misma manera
que a las demás personas- dije cruzándome de brazos mientras caminaba detrás de
él.
-Sigo sin
entender de qué hablas- esta vez note que la voz de Sebas cambio levemente,
parecía un poco más temblorosa.
-No será que…- en
ese momento un pensamiento paso por mi mente-
te gusta el presidente.
En ese momento el ambiente
cambio completamente a uno sumamente tenso, Sebastián se giró hacia mí y me
tomo del cuello de la camisa mirándome de forma sumamente amenazante.
-No sé de dónde
sacas esas barbaridades pero más te vale que no lo repitas en ningún lugar- su
miraba ahora sí que me daba bastante miedo.
-Si te puso así
de tenso debo suponer que estoy en lo cierto- sip parecía que iba a morir ese
mismo día pues estaba jugando con fuego y no el de una vela sino que era como
lanzarme a un volcán.
Sebastián parecía estar
nervioso, en verdad desde que lo conocí nunca lo había visto de esa manera.
Pero en lugar de darme el regaño de mi vida tomo mi brazo y tiro de mi
llevándome al patio y luego a una zona apartada, ¿acaso buscaba el mejor lugar
para asesinarme? Eso era lo que pasaba por mi cabeza en ese momento.
-De todos los
idiotas dentro de este lugar… tenías que ser tu quien se diera cuenta- dijo
Sebas sin mirarme. Mientras yo que quede con una expresión de ¿Qué pasa aquí?
-No me digas
que…- en ese momento supe que había dado en el clavo – en verdad te gusta el
presidente ¿verdad?
-Si se lo dices a
alguien yo te…- él se acercó amenazantemente así que coloque mis manos frente a
mi como queriendo defenderme.
-No se lo diré a
nadie, lo juro- el se detuvo y se me quedo viendo un momento.
-No quiero
ensuciar mis manos, así que supongo que solo me queda confiar en ti- dijo
suspirando y mirando hacia un lado.
-¿Se lo has
dicho?- pregunte mirándole más tranquilo ahora que el peligro parecía haber
pasado.
-¿Cómo puedo
decírselo? Soy un chico que está enamorado de otro chico… él lo considerara
asqueroso…- ahora la expresión de Sebas parecía ser más melancólica.
-¿Desde hace
cuánto te sientes así?- pregunte acercándome más a él.
-Me gusta desde
que entre a esta academia, siempre fue un chico inteligente, increíble y amable…
además de sumamente correcto lo cual me gusto desde el primer momento- dijo
este lo que me sorprendía, Sebas estaba confiando en mi como para contarme algo
que al parecer no le había confesado a nadie.
-Cuanto tiempo ha
sido- dije viéndole de forma sería.
-Cinco años- dijo
el tímidamente lo cual me sorprendió.
-¿Has estado
enamorado del tipo 5 años y nunca se lo has dicho?- dije sorprendido.
-Es que… no
quiero que él llegue a odiarme si se llegara a enterar…- en verdad en ese
momento el temible vicepresidente no existía, solo había un chico común y
corriendo temeroso de sus propios sentimientos, se veía tan frágil en ese
momento que solo pude acercarme y abrazarlo, el no hiso nada por detenerme.
-¿Es doloroso
guardar esos sentimientos por tanto tiempo verdad?- dije conteniéndolo entre
mis brazos, se veía tan mal que parecía que iba a comenzar a llorar. El
simplemente me abrazo también y escondió su rostro en mi pecho, como yo era más
alto cabía perfectamente debajo de mi mentón.
-¿Qué puedo
hacer?- dijo el con la voz entre cortada, me sorprendía que confiara en mí en
este momento.
-Tienes que
decírselo, si él es tan genial como dices lo entenderá, además eh visto que se
llevan muy bien, quizás hasta corresponda tus sentimientos, no pierdes nada con
intentar- yo nunca había tenido problemas con confesarme a alguien, era
bastante directo, si la chica me gustaba se lo decía y para mi fortuna la gran
mayoría de las veces era correspondido.
-¿Tú crees que él
no me odiará?- dijo Sebas algo nervioso.
-Claro que no te
odiara, debes sacarlo de tu pecho, vamos que eso no te de miedo demonio de la
academia- dije bromeando a lo que pude escuchar una pequeña risita de su parte
apartándose de mi para mirarme a los ojos, no pude evitar notar lo lindo que
era con esa expresión de confusión en su rostro, sacudí mi cabeza por ese
pensamiento.
-Vamos a clases,
ya está por ser la hora- dijo Sebas comenzando a caminar ya repuesto.
-Pero me prometes
que hablaras con él- le grite cuando estuvo a un par de metros.
-Si lo prometo-
dijo girándome para mostrarme una pequeña sonrisa y luego seguir caminando.
Las clases transcurrieron
normalmente, o en pocas palabras aburridas, sinceramente me divertía más en las
tutorías con Sebas a pesar de que eran intensas. A la hora del almuerzo fui con
mis amigo a comer, pero note que Sebastián no estaba en su lugar habitual, era
extraño, juraba que lo veía ahí cada día del ciclo escolar sin falta. Me causo
curiosidad así que les dije a mis amigos que iba al baño y regresaría pronto.
Caminaba por los pasillos de la
academia en busca de Sebas hasta que finalmente lo vi más adelante, estaba
hablando con el presidente, era como si le pidiera acompañarlo, me acerque un
poco más lo suficiente como para escuchar al presidente decir que también quería
decirle algo a Sebas. Ambos emprendieron el camino hacia una zona donde no
había nadie cerca, bueno estaba yo aunque ellos no notaron mi presencia,
incluso llegue a colocarme en un lugar donde pudiera oír todo sin ser
descubierto.
Escuche a Sebas decir algo como
“tengo algo que decirte”, y luego “pero tu primero”, le dijo al presidente.
-Eres de mis
mejores amigos aquí y te estimo bastante Brown- dijo el presidente colocando
una mano en su hombro mientras sonreía, asome un poco la cabeza notando el
sonrojo en las mejillas de Sebastián.
-T… tú también
eres de mis mejores amigos y te estimo mucho presidente- dijo Sebas, al parecer
estaba listo para declararse.
-Me alegro de oír
eso, pues…- el joven hiso una pausa como buscando las palabras- es algo reciente…
nunca creí que me pasaría…- Sebas parecía emocionado- tengo una novia- dijo
finalmente el presidente a lo que al parecer tanto Sebas como yo tuvimos la
misma expresión en el rostro.
-¿N… novia?- dijo
Sebastián sin poder al parecer creérselo.
-Si, ella es de
mi ciudad natal, nos encontramos nuevamente en las últimas vacaciones y
finalmente, luego de estar loco por ella por casi dos años le pedí que fuéramos
novios y ella acepto- dijo al parecer sumamente emocionado.
-Vaya…- dijo
Sebas al parecer sin saber que decir –pues… en verdad me alegro por ti- dijo
fingiendo una cálida sonrisa como el mejor actor del mundo.
-Me alegro de
habértelo contado, estaba nervioso ya que eres al primero aquí en la academia
que se lo digo.
El resto de la conversación no
vale la pena ser relatada, simplemente el presidente le conto todo sobre la
chica y como se habían dado las cosas y Sebas en todo momento le sonreía como
un campeón, mientras yo en mi escondite lo único que quería era darle un
puñetazo en la narizota a ese presidente. Finalmente note que este se despidió
de Sebas y lo dejo ahí. No pude permanecer en mi escondite más tiempo, Sebastián
al verme no necesito que yo le explicara que estuve escuchando todo, pero note
que en cuanto me vio no pudo contener más sus lágrimas y estas comenzaron a
rodar por sus mejillas, a lo que yo sin decir nada corrí hasta él y lo abrace
sosteniéndolo fuerte contra mi pecho mientras el también sin decir nada se
aferró a mí. Así estuvo varios minutos sin decir nada.
-Hay que volver a
clases…- dijo este al tiempo, pero sostuve su rostro entre mis manos negando
con la cabeza.
-No estás en
condiciones de ir a clases- le dije mirándole a los ojos mientras limpiaba las
lágrimas de sus majillas con mis dedos.
-Nunca eh faltado
a clases, y menos sin razón- dijo este con la voz prácticamente quebrada.
-El que rompieran
tu corazón te parece que es no tener una razón- le dije mirándole sonriéndole
levemente intentando reconfortarle.
-¿Quién dice que
rompieron mi corazón?- en verdad parecía que Sebastián intentaba hacerse el
fuerte ante mí, pero yo sabía cómo se sentía.
-No necesitas
hacerte el fuerte frente a mí, no tienes que aparentar, puedes ser tú mismo, y
si ahora estas mal quiero que sepas que cuentas conmigo- le sonreí amablemente,
a lo que el simplemente se me quedó viendo al parecer bastante sorprendido de
mis palabras.
-¿Y qué
sugieres?- dijo este mirándome a los ojos de una manera que lo hacía ver tan
tierno.
-Conozco un lugar
que te gustará- dije sonriéndole y tomando su mano para jalarlo, pronto lo
lleve a la parte de atrás de la academia comenzando a adentrarnos en el bosque
que rodea todo el lugar, luego de caminar unos minutos llegamos a la orilla de
un gran lago.
-¿Qué es este
lugar?- dijo Sebastián al parecer maravillado.
-¿Nunca viniste
aquí?- pregunte sonriéndole.
-No salgo a
explorar los alrededores de la academia, por lo general estoy en ella o en la
ciudad- dijo sin dejar de mirar el paisaje.
-Pues yo descubrí
este lugar un día que escape de clases por estar aburrido y vine a parar aquí,
nunca traje a nadie- dije sentándome en la orilla de ese lago mientras Sebas se
sentaba junto a mí.
No era necesario hablar, lo
único que quería era que Sebas se sintiera mejor, deje mi mano a un lado de mi
cuerpo mientras miraba el lago mirando de reojo a Sebas de vez en cuando,
parecía sentirse mejor de a poco, pero es que es difícil dejar ir a alguien de
quien estuvo enamorado por tanto tiempo.
-Sabes, eh
escuchado que para olvidar a un amor debes encontrar uno nuevo, solo el amor
sana un corazón herido- dije simplemente al aire.
Note la mirada de Sebas sobre mí
así que yo también gire mi rostro hacia él.
-Sinceramente al
conocerte creí que eras un idiota superficial, que solo pensaba en irse de
fiesta y coquetear con mujeres sin importarle para nada sus responsabilidades-
dijo este a lo que yo solo pude reír divertido.
-Vaya… no sabía
que daba tan mala impresión- dije sin dejar de reír volviendo a mirar hacia el
lago.
-Pero ahora que
te conozco mejor…- dijo Sebas mirándome a sí que yo también gire mi cabeza
hacia el - … sigo creyendo que eres un idiota pervertido…- levante una ceja
mirándole – pero también sé que eres gentil, eres alegre y divertido y siempre estás
dispuesto a ayudar a los demás.
-¿Enserio piensas
eso de mí?- dije viéndole bastante sorprendido.
-Así es…
¿prometes no decirle a nadie sobre lo que paso con el presidente?- dijo Sebas
tímidamente.
-Es raro que lo
pidas así, creí que me amenazarías de muerte si llegaba a decir algo- dije en
forma de broma.
-Si quieres puedo
ahogarte en el lago para que no digas nada- dijo sonriendo maliciosamente lo
cual me dio escalofríos.
-No es necesario,
es evidente que no diré nada… pero antes debes responder que si a algo- dije
mirándole sonriendo a lo que este me miro frunciendo el ceño confundido –que
desde ahora somos amigos- le mire sonriendo.
-¿Por qué alguien
como tú que tiene cientos de amigos querría ser amigo que alguien como yo? Soy
perfectamente consiente que a muchos nos les agrado por mi forma de ser- dijo
este bajando la mirada.
-Pues yo no opino
como esos muchos , me agradas mucho, por más que te comportes así y quieras dar
miedo a todo el mundo… a mí nunca me has asustado… además no tengo cientos de
amigos… muchos son simplemente conocidos, mi grupo de amigos es cerrado- me
recosté en el césped mirándole – por eso quiero que seamos amigos si- levante
una mano llegando a su mejilla donde aún se asomaba una lagrima limpiándola
suavemente –además prometo que si alguien te hace algo lo golpeare… si quieres
comienzo ahora mismo con el presidente.
-No tienes
remedio- dijo Sebas sonriendo divertido cosa que era rara de ver en él, estaba
sumamente feliz de ver esas facetas en él – de acuerdo… seremos amigos… pero no
lo golpees si… aquí el único que puede ejercer violencia física con el fin de
corregir malos comportamientos soy yo.
-Vale tomo nota-
dije riendo levemente mientras miraba al cielo notando como Sebas también se
acostaba a mi lado viendo al cielo.
Los días pasaron normalmente,
bueno excepto que efectivamente Sebastián y yo hablábamos más seguido y no solo
durante las tutorías, incluso logre que un día me permitiera almorzar con él en
su mesa, en verdad sentía que nuestra amistad iba creciendo… pero también sentía
que otro sentimiento iba creciendo en mi interior, en verdad en esos momento no
comprendía mis propios sentimientos.
Un día mientras nos dirigíamos ambos
a la biblioteca una chica se acercó a mi pidiéndome hablar contigo a solas. Sebastián
dijo que esperaría en ese lugar mientras yo iba a hablar con ella. Pero estando
a solas con ella paso lo de siempre, era otra chica confesándome sus
sentimientos y pidiéndome salir con ella, en ese momento no salía con nadie y
usualmente si era así le diría que sí sin problemas, siempre pensaba en que uno
nunca sabe de quien se enamoraría. Pero por alguna razón en ese momento no
podía salir de mis labios la palabras “claro porque no probamos”, simplemente
no podía aceptar y no sabía el porqué.
Entonces en lo que estaba distraído
entre mis pensamientos la chica comenzó a acercarse a mi hasta que nuestros
pechos estuvieron juntos, la mire un momento, pero mire hacia un costado sin
querer corresponder el eminente beso que ella deseaba cuando vi parado allí mirándonos
a Sebastián, el parecía confundido y herido y al notar que me percate de su
presencia simplemente se dio la vuelta marchándose. La chica seguía insistiéndome
pero yo deseaba ir tras de Sebas.
-Lo lamento no
puedo corresponder tus sentimientos- le dije a la chica haciéndole una especie
de reverencia y comenzando a correr donde vi que él se marchó. Busque por
varios minutos hasta que finalmente lo vi a lo lejos caminando por el patio. Me
acerque a él colocando mi mano en su hombro para que se girara –te eh estado
buscando, ¿Por qué huiste?
-No huía solo les
daba su espacio a ti y a tu nueva novia- me dijo tan fríamente que me
sorprendió.
-Ella no es mi
novia… la eh rechazado- dije suspirando.
-¿Ya estas
saliendo con alguien más?- dijo este girándose a mi pero sin ninguna expresión
en el rostro.
-No… ¿Por qué dices
eso?- pregunte confundido.
-Pues según los
rumores tu siempre aceptas salir con alguien si estas soltero…- dijo mirando al
costado.
-Tu más que nadie
deberías no hacer caso a los rumores, todos dicen que eres una bestia malvada,
y yo sé bien que no lo eres… así que no pienses tu tampoco que soy un completo
mujeriego- dije cruzándome de brazos.
-¿Entonces porque
la rechazaste?- pregunto viéndome a los ojos, esa mirada se me hacía lo más
tierno del mundo.
-Porque…- no
sabía si decirle esto ya que aún no estaba completamente seguro, pero ver su
expresión en ese momento me hizo no dudar más – porque creo que estoy enamorado
de alguien más…
-¿Ah si… quien es
ella, estudia aquí o es de tu ciudad natal?- dijo al parecer recordando lo que
paso con el presidente.
-Estudia aquí-
dije mirándole a los ojos notando cierta molestia en su mirada –y no es
exactamente una chica…
-¿Cómo que no es
exactamente una chica?- preguntó confundido al parecer.
-Pues creo que me
gusta un chico- dije viéndolo a los ojos- pero es la primera vez que me gusta
un chico por ello estoy confundido.
-Pues… supongo
que te daré el mismo consejo que me diste, si te gusta díselo- dijo Sebastián mirándome
a los ojos.
-¿Tú crees que el
aceptaría a otro hombre?- pregunte sin despegar mi mirada de él.
-Eres guapo y
agradable supongo que puedes tener una oportunidad con cualquiera- dijo encogiéndose
de hombros.
-En ese caso se
lo diré…- dije parándome justo frente a él -… Sebastián… me gustas…
Continuará…
Me siento perdido
por no poder comprender mis propios sentimientos…
